Alcohol de 99º, la novela de José Manuel López Marañón que no pasa de moda

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Algunas novelas son resultado de un lento proceso de maduración (las muy buenas, generalmente). Hay otras que, partiendo de una situación, un hecho vivido o una imagen acuciante, generan la imperiosa necesidad de ponerse a escribirlas. Ninguno de estos arranques garantiza calidad en la obra; los dos pueden desembocar en textos inolvidables o en irremediables bodrios. Alcohol de 99º es resultado de una combinación de ambos.


A aquella España de los años ochenta, con excesos de todo tipo (así, una cultura emergente, divertida y de gran atractivo, pero con la pandemia de la droga a sus espaldas), la definía una situación política de gran inestabilidad (provocada por el paro y el terrorismo, lacras no menos principales a las que no se adivinaba final). Esta atractiva suma –pensaba yo– no había sido suficientemente atendida por nuestra literatura; ya hora era de prestarle atención. El contexto, además, resultaba ideal para crear personajes conflictivos, para echarlos a rodar por las calles de Barcelona, paradigma del desenfreno y la vida al límite de entonces.


Una otoñal tarde de 1999 tomaba café en un bar bilbaíno que ya no existe. Enfrente de mí estaban unos sujetos de aspecto poco recomendable: melenudos, desaseados y con voces roncas, ofrecían el aspecto de no haber pisado una cama en días. Oí su conversación; apurados, discutían sobre dinero: uno intentaba, casi gritando, llevar al otro a su terreno. Cuando salí, pensé cómo era factible que debieran una cantidad a algún capo de la droga que debía ser abonada con urgencia. Acababan de nacer Artur Basabe y Asís Hervás, personajes de Alcohol de 99º. Al llegar a casa escribí la primera frase.


La mayor tentación de cualquier escritor novel es contar más de lo necesario, utilizar entera la documentación que sobre época y entorno de la obra planeada consiguió reunir. El sentido de la criba está poco desarrollado aún en nosotros. Mi primer manuscrito (200.000 palabras) se solazaba sobre este error: reportajes periodísticos y muchas de películas –poquísimas novelas– se habían ocupado (en caliente y con perspectiva) de esa década irrepetible y lo cierto es que desprenderse de informaciones semejantes, valiosas y variopintas, cuesta no poco... Pronto se me anunció que –tal y cómo estaba– la novela era, en efecto, impublicable: si es difícil llamar la atención de una editorial, un mamotreto como aquel era de los que terminan en la basura nada más abrirlos.

Cubierta Alcohol de 99u00ba



La labor crítica ejercida por amigos amantes de la buena literatura intervino con éxito en la poda. A ellos debo haber publicado Alcohol de 99º. El manuscrito impreso por mi primera editorial tenía 132.000 palabras: casi 70.000 se habían quedado, provechosamente, en el camino. Para su reedición, este 2021, por Grupo Tierra Trivium aún corregí el texto. En el manuscrito que les entregué –perfecto, creí– sólo había modificaciones de estilo. La única modificación sustancial fue cambiarle el apellido a Asís.


Sin embargo, durante el proceso de corrección de galeradas, mi nueva editorial (Grupo Tierra Trivium) propuso algunas sugerencias, las cuales –reconozco– fueron inmediatamente atendidas. Un manuscrito nunca se termina de corregir. Y es que a veces, como advirtió Jorge Luis Borges, publicamos sólo para dejar de corregir…

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