Víctor Claudín, uno de los fichajes serranos de Galapanoir

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Escritor madrileño nacido en 1954.

Periodista con una extensa trayectoria, tanto en televisión, radio como sobre todo en prensa escrita. También forma parte del mundo de la cultura como productor, dinamizador, crítico, conferenciante, tallerista, etc.

Como escritor tiene más de 20 libros publicados entre obras de no ficción y ficción, además de colaboraciones en otros. Ha editado cinco títulos con relatos de alumnos de sus talleres.

De entre sus libros destacan: El antro de la Buscontra (1989), novela alabada por Manuel Vázquez Montalbán como “el triunfo de la lectura”. Su particular best seller, Me llamo Marta y soy fibromiálgica, en colaboración con su mujer, paciente de esa enfermedad. Tren de la noche (2010), relatos compuestos a partir de su paso por la noche madrileña, que conoció muy a fondo; los thrillers Cosecha negra (2013), sobre el mundo del petróleo, Vis a vis (2013), situado en la España de 1983, sobre el mundo de ETA, y Los demonios andan sueltos (2015), ambientado en el México de 1994. Contracuentos, relatos sociales. Perro de luna, novela criminal.

En este artículo hablaremos de Los demonios de Whitby, novela gótica, la última obra de Víctor Claudín.

JT. Autor polifacético que maneja diferentes géneros en sus más de veinte publicaciones. ¿En cuál se siente más cómodo? ¿Se ha atrevido con poesía o teatro en algún momento?

No me sitúo en un género cuando escribo, al menos no de un modo muy consciente. Escribo y ya está, sin moldes, sin límites. Depende del carácter que va cobrando la historia y lo que quiero contar, lo que me lleva por un camino u otro, que no tiene porqué estar definido en un esquema. Pero ni siquiera esta regla de no tener reglas la sigo siempre. Hay veces en que todo está claro desde un principio. Sea como sea, en la novela negra y en el terror es donde me siento mejor, pero tampoco siguiendo plantillas clásicas, yo rompo. Y no, no me atrevo con la poesía, le tengo un respeto muy especial. La única manera de publicar poemas fue, en la novela Escrito en una ola, hacer que mi personaje fuera poeta y entonces sí, se incluían algunos poemas del personaje. Teatro tampoco, no por manejar el lenguaje uno ya es capaz de hacer todo lo que se hace con él, yo hago novelas y relatos, aunque también he hecho guiones para televisión.

JT. Tiene un par de títulos que mencionan la palabra demonio. ¿Algún vínculo concreto que confesar?

El mundo está gobernado por demonios. Que están sueltos, en todas partes y demasiado vivos. Por lo demás, ha sido un puro accidente. Los demonios andan sueltos es un thriller político ambientado en el México de 1994 en el que cuento que se produce un tremendo fraude electoral, un fraude químico, que pudo ser cierto. Y Los demonios de Whitby es una novela de terror con no muertos. Nada que ver una con otra.

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JT. ¿Cómo nacen Los demonios de Whitby? ¿Cuál es el germen que inspira la historia?

Whitby es una localidad preciosa del nordeste de Inglaterra, muy vinculada al terror y a lo gótico, por su idiosincrasia física, el esqueleto de una señorial abadía destruida, junto a un cementerio maravilloso, en lo alto de un acantilado; y por haber veraneado Bram Stoker, situando allí algunas de las escenas de su Drácula. Es un pueblo turístico y esa característica la potencian mucho. En un momento determinado quise construir una historia en ese espacio, con ese decorado, y no podía ser más que gótica.

JT. Usted ha estado implicado en el mundillo musical. A su modo de ver, ¿es más atractivo que el literario?

Aunque he escrito un par de libros de música, he sido presidente de la Asociación para la Música Popular, fundador junto a Elisa Serna y muchos otros artistas y profesionales del sector, he tenido una sala de conciertos muy popular en los años 80, Elígeme, desde la que también montamos una discográfica, organizo encuentros de cantautores, etc., yo siempre he estado dentro del panorama literario, he escrito desde adolescente, la literatura es el eje central de mi vida, y lo ha sido siempre. Sigo estando muy cerca de la canción de autor, y cada universo tiene su valor, no son comparables, me siento muy feliz con mis amigos cantautores, al igual que ante mi ordenador. La creación, en el terreno que sea, es lo que permite abrigar esperanzas para el ser humano.

JT. La presentación de Los demonios de Whitby será el día 19 de Junio en la librería HG de Collado Villalba. El lanzamiento del libro fue durante el primer trimestre del año, pero a causa de la pandemia ha tenido que retrasarse. Con independencia de estadísticas y, desde su punto de vista, ¿cómo ha afectado la crisis sanitaria al sector literario?

Esta maldita enfermedad ha hecho mucho daño a toda la sociedad, a todos los sectores, a unos más que a otros. Naturalmente más a los más débiles. El dato positivo es que parece que ha subido la lectura, puede que se haya dado una mayor venta de ejemplares. Pero a los escritores que no estamos en el top ten tampoco nos ha representa demasiada pérdida, porque estábamos y seguimos estando multiplicados por cero, como diría Simpson. La sociedad en su conjunto, y las instituciones correspondientes en primera fila, tiene una importante falta de consideración hacia los creadores, y eso es así al margen de cualquier pandemia. Sí ha matado, por ejemplo, los talleres que yo impartía, porque online no es lo mismo, no me convence, y ya me parece que no los voy a reanudar.

JT. Sin desvelar nada crucial, ¿qué nos puede contar de su último manuscrito?

Como casi toda novela gótica, es una historia de amor, la historia de una relación que parece imposible y que tiene que enfrentarse contra lo que también se convierte en un peligro para toda la población y, pudiera ser, para la humanidad entera: un creciente ejército de No Muertos. Otro personaje sustancial en la historia es un personaje real de la historia de Inglaterra: el capitán Cook.

JT. Quizás se trate de una de las novelas de terror del año 2021. ¿Ha pasado miedo escribiéndolo?

Lo que más me interesa al escribir para provocar miedo es tratar de fabricar un ambiente, una atmósfera. Uno de los elementos con el que he jugado para lograrlo ha sido la intervención extraña de algunos niños. Eso, y estar metido en la historia sin ver más allá, hacía que me acostara con cierta paranoia encima, a vivir acosado sin saber porqué y por las noches temer el movimiento de sombras por el jardín. Sí, es difícil escaquearse ante aquello donde uno anda sumergido.

JT. Dicen que cada novela cambia para siempre al autor que la concibe. En su caso, dado que tiene una gran colección, ¿ha habido un antes y un después de Víctor Claudín al escribirlo?

Bueno, como tantas otras frases tópicas, es un poco exagerada. Escribir sí ayuda a reflexionar, a recordar, a comprender, según la materia con la que estás trabajando, la memoria, una idea, sueños... Las personas evolucionamos por estímulos de variado origen y, sin duda, uno de los más importantes en el caso de los escritores son los proyectos literarios en los que nos embarcamos, aunque sea por el hecho de elegir uno y no otros.

JT. ¿Alguna escena que le haya costado más trabajo escribir por su dificultad o miedo, o a la que tenga especial cariño?

En general no me ha resultado fácil nada. Considero que escribir terror es de lo más complicado, es muy fácil ser chabacano, o pasarte y hacer algo ridículo, histriónico, nada verosímil. Pelear para no cruzar esa línea me ha costado un mundo, y claro, no estoy seguro de haberlo conseguido.

JT. Sin más, le deseamos toda la suerte del mundo a Los demonios de Whitby. ¿Tiene ya en mente una nueva historia?

Gracias, espero que tengan mucha vida, por ellos mismos y por Tierra Trivium que los ha acogido. Trabajo en mis memorias y en una aventura en el metro de Madrid, en los subterráneos de la ciudad, además de en un libro de relatos criminales de la península ibérica, que ya tengo muy avanzado. Porque no sé trabajar en un sólo propósito. Y ya tengo tres novelas en el cajón, tres novelas negras.

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